Gerardo Salinas, dramaturgo del KVS de Bruselas: “La ciudad es una biblioteca viva y cada habitante, un libro”

Por Emiliano Gómez

Gerardo Salinas (Foto: Danny Willems)
Gerardo Salinas (Foto: Danny Willems)

Nació en Argentina pero las vueltas del arte lo llevaron a Europa, específicamente a Bélgica. Allí, Gerardo Salinas se estableció como dramaturgo del emblemático KVS (Teatro Real de Bruselas). De visita a nuestro país en el marco del FILBA, dialogó con Infobae Cultura sobre la especificidad de las artes escénicas, las vanguardias que allí se generan, las redes entre las narrativas europeas y las latinoamericanas y la dramaturgia urbana. “La ciudad es una biblioteca viva y cada habitante, un libro”, asegura.

—¿Cómo resumirías tu experiencia desde aquel momento que decidiste emigrar de Buenos Aires hacia Bélgica?

—Hace más de quince años que comencé a trabajar en el sector de las artes en Bélgica y principalmente me centré en la nueva producción artística de las ciudades europeas como son hoy, espacios donde se encuentran un montón de personas por los procesos migratorios que están potenciados también con la posibilidad de estar conectados con sus países de origen debido a la tecnología y a la movilidad que hay, entonces eso crea un potencial narrativo increíble. En base a esto, creé el festival MAF (Mestizo Arts Festival) a modo de instrumento para mostrar esa riqueza tan variada que produce la ciudad ahora. En esta práctica y este festival, durante muchos años tuvo muy buena acogida y sobre todo por buscar formas para mostrar un poco lo que se mostraba en otros festivales o centros de arte, se exponía con una diversidad que iba desde urbanistas hasta arquitectos, pasando por baile contemporáneo y rap o hip hop, tratando de crear un programa tan vasto y tan rico como es la producción artística de la ciudad.

—¿De qué forma llegaste al KVS?

—Después de muchos años de realizar este festival y otros proyectos, desde trabajo territorial en los barrios a obras donde tratamos de trabajar en la nueva narrativa artística, en mi caso la belga, es que me convocaron para trabajar en el KVS, la Compañía del Teatro Real de Bruselas. Es una gran compañía que tiene 130 años, que además contiene a otras muy importantes en formato residencia como Peeping Tom, Última Vez y Voetvolk. Mi desafío fue llevar aquella experiencia y energía de todos esos años investigando en la ciudad a su programación y producción, generando un criterio a la altura de un ámbito artístico tan emblemático como Bruselas, donde viven 180 nacionalidades juntas y se encuentran todos los días. Bueno, nosotros somos la compañía que trata de tener una producción que cuente esas historias.

Gerardo Salinas (Foto: Danny Willems)
Gerardo Salinas (Foto: Danny Willems)

—¿En qué consiste el concepto de Dramaturgia Urbana y cuál fue su origen?

—Para realizar este trabajo necesitaba tener los medios adecuados y, como es una práctica bastante innovadora, sentí la necesidad de crear mis nuevas herramientas para esta nueva práctica. Por supuesto, partiendo de todas las experiencias anteriores. Entonces fue que desde hacía algunos años, ya desde el festival, empezamos a definir nuestra práctica en la ciudad como una Dramaturgia Urbana, tomando a la ciudad como un texto al que tratamos de aproximarnos por medio de creaciones, redes y proyectos para estimular el potencial dramático/artístico de la ciudad partiendo de estas historias y crear un poderoso repertorio.

—¿Qué actividades o proyectos te trajeron a la edición 2019 del FIBA?

—Hay tres razones que me trajeron al FIBA12. La primera es seguir en contacto con la producción local y ver el estado de las artes y del teatro en la Argentina ahora. La segunda, presentar obra del KVS: Sachli Gholamalizad, directora y actriz que integra nuestra compañía, estrenó en Buenos Aires A reason to talk (Una razón para hablar) el 1, 2 y 3 de febrero en el Teatro San Martín. Es una obra que para nosotros va en el sentido de las nuevas narrativas europeas. Ella es hija de refugiados iraníes, que se exiliaron en la época de la revolución cuando vinieron los ayatolas, y creció en Bélgica. Toda esta tensión y su vínculo con la madre son el centro del argumento. Y la tercera, que para mí es muy importante, estamos lanzando una semana del teatro latinoamericano en Bruselas que se llama Próximamente. Refiriendo a la típica idea cinematográfica de coming soon, pero también a las ideas de acercamiento y proximidad, se trata de un trabajo en colaboración con instituciones de la Argentina, Uruguay y Chile, tal vez se sume Brasil, para curar en forma colectiva artes escénicas de cada país y de la región en Bruselas.

Gerardo Salinas (Foto: Danny Willems)
Gerardo Salinas (Foto: Danny Willems)

—¿Por qué Bruselas?  

—Bruselas es uno de los centros mundiales de las artes escénicas donde llegan representantes y producciones de todo el mundo. El objetivo de Próximamente es que la región se presente a sí misma para poner en valor y contextualizar su particular mirada en este punto neurálgico. La contextualización es muy importante para interpretar las diferentes capas de sentido de las obras, con sus tradiciones y realidades locales. Las artes escénicas en la región están atravesando un momento genial. Los artistas latinoamericanos están intercambiando y encontrándose. Se está generando un enriquecimiento de las diferentes escenas de los diferentes países. Y en Próximamente queremos compartir esa potencia contada por la región misma. Porque a veces pasa en muchos aspectos de la vida, y viene desde casi la época de la colonia, cuando viene alguien de un país con más recursos, y en una posición quizá más central en el concierto de países occidentales, para elegir lo que quiere compartir y llevar. Nosotros no estamos en contra de eso, pero nos parece importante que esta colección de trabajos sea contada a partir de lo que la región quiere contar. Y no desde un modo individual, sino colectivo. Algo así como abrir una ventana del panorama artístico de América del Sur hacia el mundo. Tal apertura apunta a generar posibilidades de circulación y nuevos fondos de producción para artistas regionales.

—En la charla que diste el pasado 25 de enero en el Centro Cultural Matienzo, hablabas sobre la construcción de puentes culturales entre Bélgica y la Argentina. ¿Considerás posible establecer intercambios más allá de las artes escénicas, que parecen arrastrar un impulso mayor respecto a otras disciplinas?

—Absolutamente. Por ejemplo, venimos desarrollando desde hace algunos años proyectos colaborativos con Clase Turista: ese inquieto tándem (integrado por Esteban Castromán, Lorena Iglesias e Iván Moiseeff) que se para frente al mundo como una editorial, pero que en verdad es una nave espacial creativa capaz de realizar formatos artísticos extraordinarios. Junto con Clase Turista, en Bélgica produjimos una versión de Mental Movies con artistas flamencos y coordinamos talleres sobre cómo armar iniciativas culturales de guerrilla. También realizamos Leestijd (Tiempo para leer): un innovador formato para estimular la lectura en el espacio público a través de la creación colectiva de una biblioteca digital, itinerante y de acceso libre. Era genial ver a la gente leyendo múltiples historias en el tranvía, en los parques, en esquinas de las avenida más transitadas de Amberes. Fue un proyecto hermoso y estamos pensando cómo llevar aquella experiencia a otras ciudades. Y en sentido inverso, el año pasado Clase Turista publicó la novela Drarrie in de nacht (Nosotros en la noche) del autor belga Fikry El Azzouzi, con quien vinimos a Buenos Aires para participar de varias actividades en el marco del FILBA.

Gerardo Salinas (Foto: Danny Willems)
Gerardo Salinas (Foto: Danny Willems)

—¿Cuál es tu visión respecto a la producción artística actual en la Argentina?

—La producción artística argentina me parece genial, súper diversa y muy potente. En su diversidad podemos tener trabajos como los de Andrea Garrote, Amparo González Solá, Marco Canale, Marina Otero, Mariano Pensotti, Federico León, Lola Arias, Fernando Rubio, Mariano Tenconi Blanco, Sergio Boris, Vivi Tellas. Me parece una locura increíble lo que sucede y tan solo estoy mencionando algunos nombres de escénicas, pero olvidándome otros mil. Y ni hablar de ámbitos como la literatura, la música o el cine. Quiero resaltar que más allá de la diversidad, cantidad y diferencias formales, los artistas argentinos comparten cierta energía desbordada y una entrega con su trabajo que es total. Seguro opere algún remanente de nuestra idiosincrasia, pero en verdad sean las dificultades de producción. Siento que tienen una conciencia muy grande, un sentido de urgencia en cada palabra o movimiento, una impronta completamente desburocratizada. Y eso es algo que me fascina y quiero compartir con mi otro hogar, Bélgica.

 

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Source: Infobae
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