Es probable que León Ferrari (1920-2013) continúe siendo un artista célebre por las razones equivocadas. La virulencia con que atacó las instituciones religiosas empañó la percepción de una obra prolífica y desigual, con picos de intensa experimentación y zonas de una producción más fechada, en las que abundan variedades de un arte político de trazo más grueso: irónica metáfora, tratándose de un dibujante tan virtuoso. En cualquier caso, debemos contar con la paradoja de este iconoclasta que ha sido uno de los más grandes creadores de formas del arte argentino. En Mar del Plata, el Museo de Arte Contemporáneo (MAR) exhibe una vez más una serie de obras que apuntan al costado más poético de su producción: su fascinación por el mundo de la música.

Uno de los “músicos” de Ferrari junto a un colgante de varillas sonoras

En la sala principal, asistimos a una ronda lúdica donde se disponen once músicos de espuma de poliuretano. Cada uno con su instrumento, se colocan ingrávidos en su silla formando una peculiar orquesta de cámara. Pertenecen a la serie “Los Músicos”, del año 2008. Cerca de ellos cuelga un cuadrilátero de casi doscientas varillas de tres metros de largo, que tintinean ni bien pasamos las manos. En el acceso a la sala, esculturas de oyentes dialogan con otras tres obras sonoras, construidas con barras de acero, caños y alambres. Entre ellos, se cuenta una edición del célebre “Berimbau”, instrumento que Ferrari creó en 1979, en pleno exilio paulista, al tiempo que ideaba una novedosa modalidad de “arte postal”. Estas esculturas conjugan lo visual, lo sonoro y lo táctil, y están concebidas para una virtual interacción con el visitante.

León Ferrari percutiendo una de sus esculturas sonoras

Vale preguntarse de dónde surge la noción de una “escultura sonora”, estos objetos estéticos de cualidad escultórica, con la capacidad de producir sonidos, ya sea por intervención del hombre, de elementos naturales como la lluvia, el viento o las mareas, o también por medios mecánicos. Los ancestros de la escultura sonora hay que buscarlos en el futurismo italiano, en obras concretadas o meramente proyectadas por artistas como Fortunato Depero y Giacomo Balla. Este tipo de esculturas sonoras de carácter instrumental tuvieron una continuación en la obra desconcertante de Jean Tinguely. El compositor Toshi Ichiyanagi –primer esposo de Yoko Ono, y una de las figuras fundamentales del grupo Fluxus– colaboró con el artista francés y documentó las sonoridades de sus máquinas absurdas.

Esculturas sonoras de Harry Bertoia

Pero en esta genealogía hay un hito ineludible: las fabulosas esculturas creadas por Harry Bertoia (1915-1978), un artista que además fue diseñador de gráfica y mobiliario (es célebre su “silla Diamond”, todo un clásico del diseño de la década del 50). Sin olvidar la contribución del venezolano Jesús Rafael Soto, que creó obras memorables, como esos “penetrables” que conjugaron el cinetismo, el Op Art y un leve estremecimiento sonoro.

Uno de los “penetrables” de Jesús Rafael Soto

La actual muestra de Ferrari en Mar del Plata se completa con la contribución de sus extraordinarios dibujos. Son obras en lápiz, tinta china y pastel, pero que pueden recurrir también al grafito, el marcador o la brillantina. Pertenecen a diversos períodos y, en su mayoría, evocan partituras de una música imaginaria. No extraña que lleven los nombres de “Primera música”, “Cantata”, “Partitura”, o que una de ellas esté dedicado al Requiem de Mozart.  Ya en la década del 60, Ferrari había comenzado la serie de escrituras abstractas, realizada con pluma y tinta negra: enmarañados grafismos hechos de palabras, frases o textos. (Felizmente, reincidió en esa práctica poética en muchos momentos ulteriores de su trayectoria.)

Otros “músicos” de Ferrari, sobre el fondo de dibujos y grafismos que evocan partituras imaginarias

Aunque se trata de artistas muy distintos, cabe relacionar estos grafismos con esas escrituras ilegibles que Mirtha Dermisache desarrolló con cierto tesón maníaco y que, en ocasiones, también se sitúan al borde de una música imaginaria. En la muestra de su obra que pudo verse hasta hace poco en el MALBA, se exhibían documentos de la relación de Dermisache con el Laboratorio de Música Electrónica del Centro de Altos Estudios Musicales del Instituto Di Tella (CLAEM). A principios de los 70, junto a otros compositores, Fernando von Reichenbach inventó un “convertidor gráfico” que le permitía traducir sonoramente las silenciosas escrituras de Dermisache. En una carta de mayo de 1973, escribió: “Un día los grafismos de Mirtha se convirtieron en sonido. Hicimos una extraña experiencia en el Instituto Di Tella, logrando articular sonidos, sintetizados en base a un rollo dibujado por ella. Como desconocía las reglas de funcionamiento del aparato, giros sonoros inesperados aparecieron”.

Mirtha Dermisache, “Nueve newsletters, un reportaje”. Foto: gentileza MALBA

Si las escrituras de Dermisache convocaron la experimentación musical, las esculturas de Ferrari se enriquecieron con la experiencia vibrante de la danza. En Buenos Aires, sus esculturas sonoras volvieron a escucharse en abril de 2004, en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. El espectáculo se tituló Enclaves, y participaron el propio León Ferrari como intérprete-escultor tocando sus Berimbau, los músicos Martín Devoto y Martín Moore, y la bailarina Gabriela Prado. La experiencia se repitió en la terraza del MALBA, también con la participación de Ferrari. Más tarde, en el Centro Cultural Recoleta tuvo lugar la experiencia Tinta china sonora, donde Martín Liut profundizó la exploración junto al grupo Buenos Aires Sonora. Se les adosaron micrófonos a las varillas de metal del Berimbau, de modo que sus movimientos producían su propia música, procesada por una computadora en tiempo real. Prado continuó con sus performances en la ciudad de Corrientes y, más tarde, en la Casa Nacional del Bicentenario, esta vez acompañada por la música de Marcelo Katz.

Gabriela Prado: intervención danzada de las esculturas de Ferrari (Casa Nacional del Bicentenario)

La propuesta que ofrece esta primavera el Museo de Arte Contemporáneo (MAR) de la Provincia de Buenos Aires nos invita a profundizar en el legado de León Ferrari, a la vez que nos exhorta a pensar con mayor seriedad en las relaciones entre el arte contemporáneo, la experimentación sonora y la belleza involuntaria de la caligrafía musical. Es un síntoma de vitalidad: ya sea que los contemplemos en silencio o les arranquemos la música recóndita que encierran, las obras de artistas de la rareza de Dermisache o de la talla de Ferrari aún están abiertas a nuevas interpretaciones.

Uno de los “cajones sonoros” de Ferrari que se exhiben en Mar del Plata

* El Museo de Arte Contemporáneo de la Provincia de Buenos Aires (MAR) se ubica en Félix U. Camet y López de Gomara (Mar del Plata) y está abierto los lunes, martes, jueves y viernes de 9 a 17, y los sábados, domingos y feriados de 12 a 20. La entrada es libre y gratuita.

** La muestra Músicas. Retrospectiva de la obra musical de León Ferrari, con diseño de exhibición de Javier Del Olmo, puede visitarse hasta el 26 de noviembre. La producción estuvo a cargo del Ministerio de Gestión Cultural bonaerense y la Fundación Augusto y León Ferrari Arte y Acervo (FALFAA).

***En el mismo museo, pueden visitarse la exposición fotográfica Otra situación de tiempo, curada por Ariel Authier, y la dedicada al IX Premio Nacional de Pintura Banco Central 2016, con curaduría de Eva Grinstein (ambas hasta el 29 de octubre).


Source: Infobae
Esculturas y dibujos musicales de León Ferrari, en un museo junto al mar

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