El ejercicio potencia la inmunoterapia contra el cáncer

El Premio Nobel de Medicina fue este año para dos investigadores que trabajaron sobre nuevas terapias para el cáncer. Hasta ahora no se habló sobre la relación entre las inmunoterapias, como las que ganaron el prestigioso galardón, y el ejercicio.

Hay evidencia científica que sugiere que el ejercicio es un factor clave para potenciar ciertas inmunoterapias. La práctica de ejercicio moviliza cambios positivos en la composición del cuerpo, niveles hormonales, la inflamación y la función inmune, según un trabajo publicado en la revista especializada Inmunología del Cáncer, Inmunoterapia.

El trabajo de los doctores Idorn y Straten propone que el ejercicio no es solo deseable, sino que directamente incrementa la efectividad del cuerpo para combatir en ciertos tipos de cáncer. Los especialistas llegaron a ver una reducción de hasta el 60% en incidencia y crecimiento de ciertos tumores específicos en ratas que hicieron ejercicio durante sus tratamientos con inmunoterapia.

Una de las explicaciones es que el mayor movimiento de sangre en el cuerpo haría que las células inmunológicas involucradas se muevan y encuentren los cuerpos cancerígenos para atacarlos.

Otro de los beneficios secundarios del ejercicio es que los atletas visitan más seguido al médico y, esto solo, ayuda a que se detecten dolencias tempranamente. En el mismo trabajo se cita evidencia anecdótica por la detección temprana de problemas de próstata, como ejemplo. El trabajo citado deja claro que hay todavía mucho por investigar en la integración del deporte y la inmunoterapia oncológica, al tiempo que propone infinitas preguntas y desafíos.

¿Y qué hay para pacientes que no reciben tratamientos inmunoterapéuticos? El ejercicio te pone bien y eso ayuda contra todo, incluyendo el cáncer. El deporte se vinculó directamente en la prevención del cáncer de colon, de mamas y de endometrio, según el National Cancer Institute de Estados Unidos. También hubo menor incidencia entre atletas de tumores en el esófago, el hígado, el estómago, los riñones, la sangre, en las zonas de la cabeza y el cuello; así como el recto y la vejiga.

Aunque todavía no están todos los procesos completamente explicados, y complementando lo dicho arriba, la regulación de hormonas como la insulina, entre otras, y la reducción del tiempo que la comida viaja por el sistema digestivo se suman como beneficios preventivos.

Sin embargo, hay otro nivel donde incide pasar un rato practicando un deporte. Efectos colaterales del tratamiento como las náuseas, la fatiga y la constipación se ven reducidas con una práctica física supervisada por un médico. También baja el estrés y la ansiedad, asegurando buen descanso, fundamental para una alta calidad de vida, según la Canadian Cancer Society.

Y, como en todo, hay contraindicaciones. La anemia, la debilidad inmunológica, el cuidado por no lesionarse, la osteoporosis, la artritis, el daño neurológico, casos de cáncer en los huesos y, una recomendación especial contra las piletas, ya que el cloro puede irritar zonas bajo tratamiento radiológico, por eso siempre antes de empezar hay que hablar con el médico.

A esta altura, es evidente que el Premio Nobel fue para la lucha contra una enfermedad que en muchos casos puede encontrar al deporte como aliado fundamental en la lucha. Según un trabajo reciente de la revista especializada Current Sports Medicine Reports, el trabajo físico debe administrarse caso por caso, en forma estructurada e individualizada y a perpetuidad.

El autor es presidente de la Fundación Salud, Deporte y Educación (Fusade).

Source: Infobae
El ejercicio potencia la inmunoterapia contra el cáncer

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