Cuando los adultos desaparecen: "El día que resistía", un relato inquietante sobre el universo infantil

Fan (9), Tino (7) y Claa (5) están solos en una quinta. No saben dónde están sus padres ni cuándo regresarán. Cercados por un bosque y sin adultos a la vista, juegan a las escondidas, dibujan, bailan y leen Hansel y Gretel mientras la espera se prolonga. Mientras tanto, la mayor asume la jefatura de la familia: es la que les da órdenes a sus hermanos, la que les cocina y la que limpia la casa. Fan vive la transición entre el mundo de la fantasía y los juegos y el de los mandatos y las responsabilidades. Esta convivencia atípica, que desconcierta e inquieta narra El día que resistía, la ópera prima de Alessia Chiesa, que después de un recorrido por festivales internacionales se estrena este domingo en el Malba.

Chiesa tiene 38 años, estudió en la Universidad del Cine y tiene dos maestrías en Estudios cinematográficos en la Université de la Sorbonne Nouvelle en París. Tras haber presentado cinco cortometrajes, su fascinación y también sus inquietudes sobre el universo infantil le sirvieron para escribir su primer largo. “Surge por una intriga por querer saber un poco mas cómo se vive la infancia en ciertas situaciones y por averiguar un poco más de esta sensibilidad. Esto se dispara por algo que es muy frecuente en mí, que es indagar en recuerdos de mi propia infancia y querer averiguar un poco sobre la historia familiar“, explica la directora en diálogo con Infobae Cultura.

Alessia Chiesa
Alessia Chiesa

Y agrega: “Siento que a veces el mundo adulto se lleva por adelante toda la sensibilidad de los niños, o no la ve muy bien. Como que la quiere controlar, y un poco hacer encajar en nuestro mundo y en cómo nos manejamos. Siento que los chicos tienen mucho para enseñar, creo que hay que observarlos y escucharlos un poco más. Hay que respetar esa sensibilidad que es tan diferente a la de los adultos”.

Dice Chiesa que hubo algo de experimental en el proceso de realización de la película. “¿Qué pasa si ponemos a los chicos solos? ¿Qué hacen cuando no los estamos viendo? —se pregunta—. La apuesta fue que no hubiera ningún adulto en otro rol, porque me parece que siempre condicionan en la mirada que tenemos de los chicos”.

-¿Cómo manejó estas condiciones en el rodaje?

-Bueno, fui consciente de que yo no iba a ser un niño… Pero la idea fue darles un lugar que no fuera el típico lugar en el que el adulto tiene el poder. Quería generar un mundo muy de ellos al cual yo pudiera acceder pero con una distancia, como si fuera un jardín de infantes, como si te pusieras un poco a ver qué hacen los chicos cuando los adultos no los están mirando.

-¿Fue difícil lograrlo?

-Sí, era un poco como un experimento, como que queríamos ver por un lado una manera de acceder a cierta autenticidad del comportamiento infantil y  por otro lado poder retratar eso en el cine. Me generaban mucha aprensión a veces algunos retratos de niños en el cine, no solo porque me parecían un poco caricaturales, sino también por la actuación misma y por como están representados ellos desde el guión, la historia y lo que dicen. Me parecía muy alejado de cómo son en realidad.

-¿Cómo fue entonces escribir un guión para niños?

-Es difícil escribir para niños porque uno ya no es mas niño y cuando uno escribe quiere que funcione para un guión. Es por eso que el guión está un poco relegado a cómo ellos lo interpretan. Sabés que si les ponés un guión muy fuerte arriba van a a empezar a decir cosas medio robóticamente. Los texto son propios de ellos, salvo algunas frases muy puntuales porque hay una estructura y algo que se cuenta.

-¿Por qué era importante trabajar con niños que no fueran actores?

-Huimos mucho tiempo de la idea de a hacer un casting. Tenía miedo de que vinieran madres y padres a traer niños como los que se buscan en publicidad. Hay chicos que vienen ya con un preconcepto de lo que se espera de ellos, niños que vienen como con atributos. Y yo no buscaba nada específico: quería que fueran niños, que sintieran la libertad de jugar, que se conocieran entre ellos. Me interesaba generar una dinámica entre tres niños, quería que ellos se sintieran niños, que hicieran lo que hacían en el jardín en el marco de una ficción.

-¿Cómo fue el proceso de selección?

-Primero hicimos unos talleres de expresión creativa donde armamos juegos para ir probando cosas de la película. No te digo que eran escenas, pero eran formas de hacer entrar a los chicos en situaciones que tenían que ver con la película, un poco una manera de acercarme a ellos. Me di cuenta de que eso estaba bueno, pero que no era muy pragmático: el taller duraba un mes, había que hacer varios, después que los padres quisieran… Entonces propuse un casting que fuera como el taller, pero de un día. Y se anotaron como 100 chicos. Eran cuatro talleres en un solo día, hicimos una preselección, después un segundo llamado y ahí quedaron los tres chicos.

-¿Fue fácil lograr la integración entre ellos? 

-Desde que tuvimos el sí de los padres y de ellos, empezamos a ir a la casa y tuvimos unos encuentros ahí. Los chicos entran muy rápido en confianza, esa es una virtud que es genial. Y para nosotros fue una ventaja total, poder ir y jugar. Estábamos en un marco amable, en una quinta, y los padres estaban con ellos. Además, estaba toda la excitación de filmar una película, que para ellos era algo desconocido y les parecía genial.

-La historia tiene su complejidad, distintas lecturas posibles… ¿Cómo se relacionaron ellos con el relato?

-Para mí era fundamental que entendieran lo que estábamos haciendo al nivel en el que ellos podían entenderlo. Ayuda mucho comparar esto con el tema de los cuentos infantiles. Cuando lo lee un adulto se da cuenta del terror y del horror. Los chicos creo que se dan cuenta, pero al nivel en que ellos lo procesan. La película se la presentamos como un cuento. A ellos les contás cuentos y se quedan internalizados, quieren saber más y hacen preguntas. Hacíamos un juego de preguntas: les contábamos y ellos preguntaban. Cuando preguntaban sobre los padres, hablábamos de dónde podían estar, qué podía haber pasado con ellos, era como un trabajo de elaboración. Nunca hubo una respuesta.

 

* Funciones de “El día que resistía” en el Malba:
Domingo 10 de febrero – 19 horas
Domingo 17 de febrero – 19.30 horas 
Domingo 24 de febrero – 19.30 horas
Domingo 03 de marzo – 19.30 horas

 

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Source: Infobae
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