Bolsonaro, Moro y el futuro del Mercosur

Como pasa con Donald Trump, la personalidad de Jair Bolsonaro es tan controversial que casi todos nos la pasamos discutiendo sus exabruptos y pocos analizan sus movidas más profundas.

El del juez Moro aparece como un caso típico de un enfoque desfasado. En efecto, se mira su aceptación del Ministerio de Justicia desde el punto de vista de la figura del propio magistrado y no como la primera movida de una profunda estrategia presidencial. Expliquemos. En Brasil, como en casi toda la región, decrece la importancia de los partidos y las instituciones porque la gente tiende cada día más a votar personas, no lealtades partidarias. Pasó en Chile o Argentina, donde, en su momento, outsiders como Mauricio Macri y Sebastián Piñera se alzaron con la presidencia sin deberlo a los partidos. Ahora pasa con Bolsonaro. En este Parnaso de las personalidades sobre los colectivos, en Brasil hay tres protagonistas que sobresalen a gran distancia del resto: Lula da Silva, Bolsonaro y Sérgio Moro. A Lula lo metió preso Moro, y a Moro, Bolsonaro acaba de embretarlo en un ministerio.

Portador de una ética hasta ahora no señalada, muchos critican al menos la estética de la maniobra: Moro aparece favorecido por el mismo presidente al que se ocupó de encarcelarle a su rival más peligroso. Alimento gratuito para la narrativa del PT, los impugnadores del nuevo presidente y las ilusiones del cristinismo.

En los recientes comicios brasileños hubo ganadores y perdedores. Entre los primeros, claramente el bolsonarismo, las Fuerzas Armadas, los credos pentecostales y el sistema judicial. Moro es —o era— el símbolo indiscutible de la enorme fortaleza que han adquirido los jueces, pero ahora es solo un ministro. De alguna manera, debió optar entre cabeza de ratón o cola de león. Como líder del sistema judicial su poder pudo ser menor que en un ministerio, pero al menos se trataba de un poder propio. Ahora, como ministro, su poder es delegado, y siempre a tiro de decreto.

Lo cierto es que, a partir de ahora, y por bastante tiempo, en Brasil queda un solo líder alfa, y ya no parecen opacarlo ni Lula ni Moro. Y con un presidente de esas características personales y la impronta militar de sus principales sostenedores, la profundidad de los cambios que se avecinan en Brasil probablemente enfrente al Ejecutivo y el Judicial casi todos los días.

Y como buen militar, Bolsonaro aparece muy interesado en establecer jerarquías del tipo “mande, obedezca o hágase a un costado”. Si confirma que irá a por lo menos tres países antes de ni siquiera considerar, como ha sido tradicional, la posibilidad de pasar por Argentina, podría estar adoptando más un perfil de jefe que de socio. No se trataría de una decisión solamente turística: Chile es la puerta de la región a China y el sudeste asiático, y Brasil aparecería puenteando a nuestro país para entenderse directamente con Santiago. Después de todo, podrían alegar, Mauricio Macri pidió acceso individual a la Alianza del Pacífico en lugar de proponerlo al Mercosur como conjunto. El vapuleado Mercado Común del Sur podría tener suerte si sobrevive al menos como al menos la hoy tan perforada zona de libre comercio a la que hemos sabido tan esforzadamente degradarlo.

Casi todo Occidente se encuentra tironeado entre el desarrollo globalizador y diversos grados de reacciones nacionalistas. Brasil y Argentina no constituyen una excepción. De hecho, llevan por lo menos veinte años instalando a sus economías entre las más proteccionistas del mundo. Y Bolsonaro viene con dos sombreros: su discurso liberal aperturista en economía y la histórica tendencia militar y diplomática de Brasil hacia un fuerte liderazgo nacionalista. En Argentina, ese tironeo no hace más que agravar nuestra grieta, cuando la historia demuestra que la única solución entre terruñismo y mundialismo es un sensato patriotismo, del que parecemos tan olvidados. Será cuestión de ver si, más allá de sus exabruptos, Bolsonaro tiene para exhibir políticas que ayuden más de lo que perjudiquen a su país. Y a la región, porque nosotros vivimos ahí.

El autor es responsable del Área Internacional Superintendencia de Riesgo de Trabajo Nacional (SRT).

Source: Infobae
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